Arte/Libros/Nombres propios

Un lugar para Marga Gil Roësset

La mujer del ahorcado. Marga Gil Roësset.

La mujer del ahorcado. Marga Gil Roësset.

El sonido de un disparo atraviesa un mediodía de verano en un chalé de Las Rozas, cerca de Madrid. Por un momento las cigarras cesan su canto, todo se interrumpe y una mujer cae al suelo, herida de una bala en la cabeza. Es el mes de julio de 1932 y la joven escultora Marga Gil Roësset se ha disparado en la sien con el revólver de su abuelo.

Enseguida vuelve la monotonía de la cigarra y los pájaros pero nada volverá a ser lo que era, ella morirá y la tragedia es irremediable ya para todos. Padres, hermanos y sobrinos vivirán el resto de sus días marcados por el desconsuelo de la pérdida de quien, con solo veinticuatro años, por mor de la precocidad de su talento había dado ya frutos maduros para la cosecha del arte contemporáneo.

Marga Gil Roësset.

Marga Gil Roësset.

Pronto se cumplirán 85 años de aquel verano aciago y pese a la evidencia de sus facultades y al rastro de las –pocas– obras que de ella se conservan, Marga Gil Roësset es una desconocida para el público. Ausente, como tantas creadoras antes y después, de las exposiciones, de las antologías y de los libros de texto que estudian los bachilleres. Y es así, injusto el olvido, incluso a pesar de su abrupto final, lo que parecería material suficiente como para construir sobre su tumba una dorada leyenda romántica al gusto popular y hacer brotar de ella fuentes de tinta negra, como ocurre con otros fantasmas errantes, desde Mariano José de Larra a Kurt Donald Cobain.

Entre el modernismo y la vanguardia, la figura de Gil Roësset merece un lugar bajo el sol, por eso importa la decisión del Ayuntamiento de Las Rozas, la localidad cercana a la capital donde falleció, de honrarla como Hija Adoptiva del municipio, dar su nombre a una biblioteca pública y organizar un ciclo de homenaje este mes de mayo a la artista. Además de la exposición de fotografías e ilustraciones de Marga, acudirán a la cita autores y periodistas como Blanca Berasátegui, Antonio Lucas, Benjamín Prado y Maricio Zabaleta. El homenaje cuenta con el comisariado de Ana Serrano Velasco y la presencia imprescindible de Marga Clark, escritora y fotógrafa, sobrina de Marga.

“Lo de Marga”

La historia de Marga Gil Roësset es más hermosamente triste que ninguna. Una niña que asombra a sus coetáneos al dibujar, que desde los siete años ilustra los cuentos que escribe su hermana mayor, Consuelo. Una familia acomodada, un punto bohemia, cosmopolita. Una madre culta que riega y abona con mimo el cerebro de sus hijos, dos mujeres y dos varones.

La joven Marga dibujó cuerpos delgados y dolientes, y también escenas de soledad infantil, algunas con una factura que precede con claridad, pues son muy anteriores, a los famosos dibujos de Saint Exupéry para ‘El Principito’. Suyas son las láminas de los libros ‘El niño de oro’ (Editorial Mateu, 1920), ‘Rose des Bois’ (Libraire Plon, París, 1923) –ambos con textos de su hermana Consuelo– y de ‘Canciones de niños’ (Editorial Signo, 1932)– con poemas de Consuelo y música de José María Franco, el marido de ésta–.

El niño de oro. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset.

El niño de oro. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Ed. Mateu, 1920.

El niño de oro. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Ed. Mateu, 1920.

El niño de oro. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Ed. Mateu, 1920.

El niño de oro. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Ed. Mateu, 1920.

El niño de oro. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Ed. Mateu, 1920.

Portada del libro Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset.

Portada del libro Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Libraire Plon, 1923.

Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Libraire Plon, 1923.

Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Libraire Plon, 1923.

Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Libraire Plon, 1923.

Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Libraire Plon, 1923.

Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Libraire Plon, 1923.

Rose des bois. Ilustraciones de Marga Gil Roësset, textos de Consuelo Gil Roësset. Libraire Plon, 1923.

No son dibujos infantiles. Siendo adolescente Marga Gil ya era una ilustradora compleja, su lenguaje plástico y su trazo nos hablan de una forma extrañamente adulta, experta. Esta patente precocidad la sigue acompañando en su dedicación a la escultura, a partir de los quince años. En piedra, en madera, ella trabaja incansable en sus cuerpos sufrientes, pues la expresión del dolor humano parece ser la búsqueda constante de esta artista. Quedan pocas obras para atestiguarlo, decíamos, ya que la propia autora se dedicó a destruir su trabajo poco antes de quitarse la vida, como si quisiera borrar su propio rastro. Sin embargo, la calidad de sus esculturas sobre ‘Adán y Eva’, ‘La mujer del ahorcado’ o la cabeza en piedra de Zenobia Camprubí elevando su mirada al cielo dan prueba suficiente del valor de esta joven madrileña para el arte español del siglo XX. Es por sus obras por las que Marga Gil Roësset debería ocupar su lugar en la memoria colectiva, si queremos que el catálogo del legado recibido esté completo. “Lo de Marga”, como tituló una vez el poeta, es más que un triste episodio en la vida de una familia y en la del literato; ese mismo, por el cual y según ella dejó manuscrito, Marga decidió morir: Juan Ramón Jiménez.

Adán y Eva. Marga Gil Roësset.

Adán y Eva. Marga Gil Roësset.

Cabeza de Zenobia Camprubí. Marga Gil Roësset.

Cabeza de Zenobia Camprubí. Marga Gil Roësset.

Marga Gil Roësset trabajando.

Marga Gil Roësset trabajando.

El diario y la biografía romántica

Las dos hermanas, Consuelo y Marga, fueron amigas del matrimonio compuesto por el escritor –famoso ya entonces, mucho mayor que ellas– Juan Ramón Jiménez y Zenobia Camprubí. Ellos introdujeron a las Gil Roësset en su círculo intelectual, mientras Marga a menudo los visitaba, y presa de admiración abrigó en su corazón una pasión que creyó imposible por él, el autor consagrado. El diario de Marga Gil, publicado íntegro (Marga. Edición de Juan Ramón Jiménez’, Fundación José Manuel Lara, 2015), da noticia del amor devoto por un hombre mayor y casado al que una muchacha superdotada idolatra.

Nos atrevemos a suponer que sin darse quizá mucha cuenta de la dimensión del sufrimiento de la mujer, el ego de Juan Ramón se dejaba querer, se dejaba adorar, mientras la pobre Marga esculpía la cabeza de su esposa. La mañana antes de morir, Marga fue a verle y le entregó el diario donde confiesa su amor con un “no lo leas todavía”. La crítica África Cabanillas nos advierte del peligro que tiene este libro para la memoria de nuestra artista. Una relación envuelta en paternalismo, dado el éxito, la edad y el sexo del escritor frente a ella, a ojos de la propia protagonista y de los nuestros. La biografía romántica del artista hipersensible, decíamos, puede ser hermosa, triste y popular, pero eso no debería ocultarnos la grandeza que tuvo, y más que pudo haber tenido, Marga Gil Roësset en sus propias manos de artista pura.

Marga. Edición de Juan Ramón Jiménez (el diario de Marga Gil Roësset). Fundación José Manuel Lara, 2015.

Marga. Edición de Juan Ramón Jiménez (el diario de Marga Gil Roësset). Fundación José Manuel Lara, 2015.

Las dos Margas

Un suceso violento de este calibre deja marca en varias generaciones de una familia. Tal vez por eso no pudo –pese a su deseo– Consuelo Gil hacer valer el legado de su hermana pequeña mientras vivió, como si el mismo dolor de la pérdida se lo impidiera. Tendrá que ser una generación después la que tome el relevo de la memoria: ahí está Marga Clark, hija de uno de los hermanos, la niña que recibe al nacer el nombre de su tía desaparecida y con él, como si de una impronta se tratase, un testigo, una herencia. La identidad de esta nueva Marga se forja con el espejo de ese nombre marcado, a la vez que con el aire de familia en su rostro. Entendemos cómo Marga Clark no tuvo más remedio que escribir su novela “Amarga luz” (2002, reeditado en 2011), a partir de la presencia en sí y en su familia de los silencios sobre la artista desaparecida, y así, construir un relato con las dos Margas como protagonistas.

Amarga Luz. Marga Clark. Ed. Funambulista, 2011.

Amarga Luz. Marga Clark. Ed. Funambulista, 2011.

Gracias a la búsqueda de Marga Clark podrán ya descansar en paz Marga y Consuelo Gil Roësset, y también por el trabajo de otros: singularmente, por la tenaz divulgación de la citada comisaria Ana Serrano Velasco, autora de una web dedicada a la artista. Por los herederos de Juan Ramón que impulsaron la publicación del diario completo de Marga (la sobrina-nieta del escritor, Carmen Hernández Pinzón), o por las investigaciones de Nuria Capdevila-Argüelles (autora del ensayo “Artistas y precursoras. Un siglo de autoras. Roësset”). Es posible que gracias a ellas, digamos, la nietas de una generación de mujeres de antes de la guerra, un año de éstos los estudiantes de algún instituto oigan hablar, junto a los versos de Juan Ramón o el significado de las vanguardias, de los prodigios de Marga Gil Roësset, la escultora.

Imagen de la web Las Sinsombrero. Andy Warhol y Maruja Mallo.

Imagen de la web Las Sinsombrero. Andy Warhol y Maruja Mallo.

O también gracias a que Marga Gil Roësset está en el grupo de mujeres, intelectuales, escritoras y artistas que “Las Sinsombrero” – iniciativa que incluye desde el documental a la web, al papel o a la exposición y material para educadores–se propone reconocer. En la tesis de esta coproducción de Intropía Media (Barcelona), Yolaperdono (Málaga) y Televisión Española, sus protagonistas, simbólicamente nuestras valientes abuelas de la España anterior al 36, son parte esencial de eso que se dio en llamar la generación del 27. Una etiqueta que en sentido amplio agrupa a los creadores que en varios campos –literatura, cine, pintura…– hicieron fructificar en nuestro país la semilla de las vanguardias sobre el solar tradicional. Ellos son Lorca, Dalí, Buñuel o Alberti, pero también y del mismo modo Rosa Chacel, Maruja Mallo, María Zambrano, María Teresa León o nuestra desventurada Marga. El propósito de “Las sinsombrero” (el origen del título está en un relato divertido de Maruja Mallo, la pintora que osó quitarse un buen día el sombrerito y cruzar la Puerta del Sol con los rizos al viento), al que modestamente nos sumamos, es recuperar la mitad de la historia que falta en los libros y en las conciencias, en el orgullo de un país por sus creadores, en la memoria de los días. Pues les es debido, a Marga, a todos y a todas, su lugar.

Una primera versión de este artículo fue publicada en el blog ‘La Venus del Espejo’.

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